Antonio Moar

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Moar

¿Es la formación empresarial una inversión rentable?

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Me dedico a coleccionar expresiones de caras. Sí, esos semblantes que veo cuando me enfrento por primera a vez a un grupo de asistentes a una jornada de formación empresarial.

Tengo en mi colección expresiones como “ pero a estas alturas, ¿Qué me vais a enseñar…?”, “Me estáis haciendo perder el tiempo con asuntos teóricos que no me aportan…” , colecciono también gestos de esos “ …Si lo que hay que hacer, lo sabemos todos…” y rebuscando, escondida entre ellos, solo a veces percibo alguna cara que me dice “…Me animo a escuchar otro punto de vista, tienes cuatro minutos de mi confianza…

Tenemos lo que nos merecemos. Algunos formadores y directivos hemos apostado por la formación tranquilizadora. Esa que cuando se acaba el curso, deja a formadores y formados cuasi-tranquilos. Misión cumplida. No hay deudas. No hay compromisos. No hay retos. Ya lo hemos hecho.

Sin embargo, los resultados siguen ahí, tozudos, muchas veces invariables y protegidos por lo difícil que resulta estudiar el impacto real de una acción formativa.

Las caras de mi colección me han hecho reflexionar y me han llevado a una conclusión que por lo evidente puede sonar revulsiva. La experiencia es lo importante y por ello debemos y necesitamos dar un paso más para entrar de lleno en una metodología de entrenamiento, donde el profesional que se forma sea el verdadero protagonista. Si aceptan un ejemplo cercano para todos, me pregunto si solo escuchando a otros y tomando notas podríamos mejorar nuestra destreza sexual.

Siguiendo las recomendaciones de V. Lenin, me propongo ser parte de la solución y no del problema. Para ello propongo habitualmente un cambio en los usos del proceso formativo. Apuesto decididamente por el concepto de learning by doing y con ello por los entrenamientos duros e incómodos pero útiles. Pido intensidad, “aprieto” a los asistentes, les obligo a participar en la simulación de la realidad y no les dejo simplemente: escuchar y tomar, con cara de interés, notas que no releerán. En definitiva intento someter a los participantes a un entrenamiento real.

Mi especialidad es entrenar equipos comerciales y mi actividad preferida es ir a vender con ellos. La venta es un proceso basado en gran parte en las emociones. ¿Sirve de algo que anoten en sus hojas, que es importante crear un clima de confianza con el cliente? Yo creo que no y por eso les pido que no lo hagan, que no lo anoten pero les pido en ese momento que dediquemos dos horas a entrenarnos en esa habilidad.

Propongo pues, a entrenadores y entrenados, que salgan de la zona de confort. Que interioricen intensamente el proceso de mejora de destrezas, habilidades y conocimientos. Ha llegado el momento de recordar que el proceso de aprendizaje está íntimamente relacionado con el sistema límbico, el emocional, el que fija los recuerdos y experiencias intensamente.

Más que nunca en el entorno económico actual, es hora de abandonar la formación tranquilizadora. Nos urge apostar por la formación rentable; rentable en tiempo, en dinero, en esfuerzo y nos urge apostar por los entrenamientos eficaces. Esos, que cuando acaba la sesión nos dejan a todos cansados pero expectantes y abiertos al cambio. Si elegimos este camino lograremos nuevos retos, nuevos compromisos y también lograremos, como siempre que se hacen las cosas bien, unos resultados espectaculares.

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