Antonio Moar

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Moar

Felicines. Quiero ser más feliz! Pero… ¿cuánto?

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Cuando uno tiene la cabeza cuadriculada de ingeniero, es difícil analizar una variable como la felicidad sin medirla cuantitativamente. Por ello, decidí hace unos años bautizar las unidades de felicidad como “Felicines” y esforzarme en cuantificar y valorar mis sensaciones-emociones de forma numérica. Me siento más cómodo trabajando con cantidades; así me he relacionado siempre con los precios, con los años, con las calorías…

Es un juego que me ayuda a tomar conciencia de lo que verdaderamente me da la felicidad. De este modo, hago algo relevante por un desconocido “recibo” 500 Felicines, cuando saboreo unos percebes anoto en mi Happiness-Balance 400, las buenas películas me reportan unos 300 y coger la gripe me resta unos 2000. Por supuesto saber que tengo una familia extraordinaria me genera de forma continua 1000 Felicines diarios que no por ser algo diario hay que olvidarse de contabilizarlo.

Un ejemplo: supongamos que usted y su pareja deciden si ir al cine o quedarse en casa un domingo: En el método tradicional cada uno prefiere una cosa y el resultado final es impredecible. Permítame que lo analicemos: para Ud. ir al cine son 300 Felicines y quedarse en casa 50, sin embargo, su pareja obtiene  del cine 100 pero al quedarse recibiría 500. La pareja debería quedarse en casa sumando 550 y no ir al cine 400 si quiere obtener la máxima felicidad conjunta.

También sería recomendable que estudie la cantidad de Felicines que recibe por euro gastado cuando deba elegir entre dos opciones de un producto o servicio. Ahora ya sé que el jamón serrano me trae 200F y el queso manchego 150. Solo tengo que mirar los precios y dividir.

Sin embargo nos empeñamos en pensar que nuestra carta-menú de Felicines coincide con la de los demás. Y yo discrepo. Intento vivir entendiendo como funciona mi contabilidad de Felicines, qué me los da, que me los quita y en qué cantidad. Y sobre todo, cuando me relaciono con personas que empiezan sus frases con un “tienes que…”, las invito a leerse primero mi carta-menú.

Soy consciente de que estas cuentas son subjetivas. Lo que importa es que al final esta mecánica contable, me permite ser más eficaz en entender lo que me hace feliz y como debo elegir para maximizar matemáticamente el contenido de mi cajón de Felicines. Y ese es mi objetivo vital: llenarlo al máximo en el tiempo que voy a vivir.

Escribir esta pequeña reflexión me añade 250 Felicines, si además me lo comparto con ustedes, serán 1000.

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